Comunidad y fe: ¿Por qué las dos son necesarias?

Artículo de SOPHIA SWINFORD / Traducido por DAVID MUNKER.

“La fe no es algo que podamos vivir sólos”

Nunca olvidaré esas palabras. En ese momento me estaba confesando, y nerviosa, intentaba purificar mi corazón de todas las dudas con las que luchaba. De pronto, el sacerdote dijo: “La fe es algo que no podemos vivir solos. Nos recargamos unos a otros, por medio de la fe de toda la Iglesia”.

Era la primera vez que pensaba en esto, me di cuenta de que no soy solo una persona que tiene fe, pertenezco a una familia que comparte la misma fe. Hoy en día, esto es un pensamiento extraño, se nos educa para pensar que la fe es privada e individual, no algo para compartir.

Es muy fácil encontrar personas que se autodefinen como espirituales, pero no religiosas; lo que hace que tentador  pensar en la iglesia como una forma anticuada de relacionarse con Dios. O tal vez, incluso pensar en ella como una barrera entre Dios y nosotros. Si conozco a Jesús y tengo una relación personal con él, ¿Qué utilidad tiene la Iglesia?

 Los orígenes de la Iglesia

Como católicos, no creemos que la Iglesia sea una Institución fundada por hombres, sino que creemos y sostenemos que Cristo mismo, fundó la Iglesia y la llenó con su Gracia – con su vida divina de un Amor infinito.

Entonces, ¿Porqué Cristo funda la Iglesia?

La Iglesia en sí, es un misterio. No encontraremos una respuesta fácil o rápida para esta pregunta, ahora bien, la Sagrada Escritura es un lugar idóneo para empezar nuestra búsqueda. La palabra ‘Iglesia’, proviene de la traducción de la palabra griega “ekklēsía”.

En el Antiguo Testamento, esta es la palabra usada para referirse a la reunión del pueblo elegido ante Dios cuando recibió la ley en el Monte Sinaí. Recibir la ley es el antiguo pacto que hace de  Israel el pueblo elegido de Dios.

La traducción al griego del “Tanaj” (conjunto de 39 libros de la biblia hebrea, que junto a otros libros constituye el Antiguo Testamento), es denominada Septuaginta. En ella encontraremos el término ekklēsía en repetidas ocasiones y será traducido al castellano como asamblea, reunión o congregación: “El día en que estuviste ante el Señor tu Dios en el Horeb, cuando el Señor me dijo: “Reúne al pueblo en torno mío y les haré oír mis palabras, para que se las enseñen a sus hijos y aprendan a respetarme todos los días que vivan en la tierra” Dt 4:10. Los que estaban allí reunidos, forman parte de la asamblea escogida por Dios para recibir la Ley en el Sinaí. Este es el símbolo de la Antigua Alianza, la que establece a Israel como pueblo elegido por Dios.

La misma palabra es usada también repetidas ocasiones en el Nuevo Testamento: “Yo te digo: tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del abismo no la hará perecer” Mt 16: 18. En el pacto de la Nueva Alianza, Cristo establece la Nueva Asamblea, la Nueva Iglesia, la que se extiende a todas las naciones.

Entonces, la Iglesia no es una invención humana. Fue establecida por Dios, para que podamos estar en comunión con Él y con todos los seres humanos. El Catecismo de la Iglesia Católica, nos dice que Dios creó al hombre para hacerlo partícipe de su Vida Divina, y así la Iglesia es también creada por Él, con el mismo fin:

CCC60: “El mundo fue creado en orden a la Iglesia”, decían los cristianos de los primeros tiempos. Dios creó el mundo en orden a la comunión en su vida divina, “comunión” que se realiza mediante la “convocación” de los hombres en Cristo, y esta “convocación” es la Iglesia. La Iglesia es la finalidad de todas las cosas, e incluso las vicisitudes dolorosas como la caída de los ángeles y el pecado del hombre, no fueron permitidas por Dios más que como ocasión y medio para desplegar toda la fuerza de su brazo, toda la medida del amor que quería dar al mundo: “Así como la voluntad de Dios es un acto y se llama mundo, así su intención es la salvación de los hombres y se llama Iglesia” (Clemente de Alej.) (Catecismo de la Iglesia Católica 760)

 La intimidad de los Sacramentos

La Iglesia es un regalo de Dios para los hombres, y con Ella nos da los Sacramentos. Así es como él nos lleva a la “comunión con su vida divina”. Y sin embargo, conozco a tanta gente que no se siente de esa manera. En cambio, piensan que la iglesia es un “intermediario” que bloquea su intimidad con Jesús.

Lejos de lo que se pueda pensar, la Iglesia no es un intermediario que bloquea la cercanía con Dios, sino, que la misma naturaleza “sacramental” de la Iglesia, posibilita la intimidad y el trato cercano con Jesús. Los Sacramentos son pues, una parte vital de nuestra relación con Jesús, el medio por el cual, nos comunicamos con Él y compartimos su Divina Gracia.

El seguimiento de Jesús transciende cualquier tipo de relación que se pueda llegar a tener con Él; el verdadero seguimiento requiere aplicar su ejemplo en nuestra vida. La fuerza necesaria para tan hermosa y ardua tarea, es recibida en cada Sacramento. Como cristianos, podemos estar seguros de encontrar a Jesucristo en muchos lugares, la Sagrada Escritura, en cada persona que vive y en los Sacramentos.

La promesa de Gracia

Es cierto que la Gracia de Dios no se puede limitar a los Sacramentos. Ahora bien, estos en esencia son Gracia y cumplimiento de salvación. Por ello, puedo estar totalmente en paz, sabiendo que Dios, por el Bautismo me elige; en la Reconciliación me perdona y reconcilia y en la Eucaristía yo me uno a Él.

Una vida con Sacramentos es una vida con Cristo, una vida que no se cansa de crecer en amor, amistad e intimidad con Dios. Cristo no se conforma con que yo oiga hablar de Él, Él quiere que lo conozca, que lo encuentre, que lo sienta y que lo viva. Ese es por lo que El nos da el regalo de los sacramentos y el regalo de la Iglesia.

Recibir su cuerpo y sangre en comunión es el encuentro más íntimo que tengo con él. Confesar mis pecados en la reconciliación han sido alguno de los momentos más curativos de mi vida. Si se ha humillado a sí mismo para darme algo tan grande, entonces ¿por qué me conformo con menos?

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