“Lo que más agradece un sintecho es que sepas su nombre”

Antoni Coll, director de diarios; fundador de Bona Nit, que ha acogido a 5.000 indigentes.

Entrevista en La Vanguardia, de LLUÍS AMIGUET. 


Si te abres a los demás, cada año te enseña a vivir mejor el siguiente. Nací en Ivars d’Urgell: me querían farmacéutico, pero la ilusión me hizo periodista. La muerte de un sintecho hace 12 años nos obligó a fundar Bona Nit para evitar otras: hoy más de 5.000 personas han dormido en nuestras camas.

Sin dejar de sonreír

La vida está llena de contradicciones que la llenan de sentido. Por ejemplo, cuanto más das, más tienes. Y Antoni Coll ha dado tanto que ahora tiene más que nunca y lo sigue brindando a los demás. Por eso, quienes le conocemos desde su etapa en La Vanguardia, que abandonó para dirigir el Diari de Tarragona durante veinte años, sabemos que nunca ha dejado de sonreír y que es capaz de decirlo todo sin alzar nunca la voz. También lo saben los más de 5.000 indigentes que, en vez de tener que dormir en la calle, han tenido las sábanas limpias de Bona Nit. Coll ha implicado a cientos de profesionales y amigos para ofrecérselas, pero también se interesa por sus vidas y, al llamarles por su nombre, obtiene el eco de otra sonrisa.

Volvería a ser usted periodista?

Sin duda.

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Pues ya me dirá que le ve al oficio.

Está peor retribuido, pero también es más necesario que nunca. Yo empecé Farmacia y no pasé de primero. En vez de ir a clase, me pasaba el tiempo contemplando los quioscos de la Rambla y el escaparate de La Vanguardia en Pelai.

Pero hoy cualquiera publica cualquier cosa en cualquier sitio, ¡y algunos arrasan!

La misión del periodista es la misma: servir a los demás a formar su opinión, pero su función ha cambiado. Desde que se inventó la imprenta, éramos quienes ayudábamos cada día al ciudadano a pasar de la ignorancia al conocimiento; hoy le ayudamos a pasar de la falsedad a la verdad.

Es que ya todo se encuentra en el móvil.

Pero son datos desordenados y caóticos y a menudo falseados. Sólo el buen periodismo interpreta, elucida y da contexto al lector.

¿Y eso cómo cambia la profesión?

En que la garantía de la verdad la pone el periodista con su firma. Y un buen equipo de periodistas se la confieren a la cabecera del medio que los publica. Por eso, este oficio sigue siendo útil y no desaparecerá.

Usted era útil; ¿por qué fundó Bona Nit?

En enero del 2005, un sintecho murió de frío en El Vendrell. Y le dediqué mi columna diaria en el Diari de Tarragona, La Plumilla, que en el 2018 cumplirá 30 años.

¿Con eso fue suficiente?

La titulé “Llamamiento” y se escuchó, porque el entonces jefe de la oposición municipal y hoy alcalde de Tarragona, Josep Fèlix Ballesteros, se presentó en la redacción y me dijo “cuenta conmigo”; después se añadieron la profesora Natalia Borbonés, el doctor Adserà y el abogado Juan López Masoliver.

Sociedad Civil en marcha.

Y fueron uniéndose más y más amigos hasta formar un patronato. En 10 años atendimos a más de 5.000 indigentes en el territorio.

Hoy Bona Nit ya es una institución.

Tenemos 32 camas: doce en dos pensiones de Tarragona, y 20 en un albergue cedido por el arzobispo Jaume Pujol y la Fundació Obra Pia de Montserrat.

¿Cómo son las personas que acogen?

Como usted y como yo, sólo que con peor suerte. Vienen de todo el mundo, pero más de la mitad son españoles y entre ellos hay muchos catalanes también: la cuarta parte.

¿Por qué acaban en la indigencia?

Pierden la familia, pierden el trabajo y algunos se enganchan al alcohol u otras sustancias. Empiezan sufriendo una de esas pérdidas y, a menudo, las sufren todas. Pero la desgracia siempre empieza con la soledad.

¿Por qué acaban como simpapeles? ¿No los atiende el sistema público?

En una sociedad próspera como la nuestra, ningún ciudadano debería dormir en la calle, pero, como la administración no lo evita, Bona Nit sigue siendo muy necesaria.

¿No ha vuelto a morir nadie en la calle?

No en nuestras comarcas, pero aún se requieren iniciativas privadas sociales como la nuestra o la calle estaría llenas de indigentes sobreviviendo en ellas. Arrels en Barcelona también realiza una labor formidable y necesaria. No sólo les damos una cama y comida, también reconocimiento y compañía.

¿Cómo?

Pues celebramos sus cumpleaños o fiestas como la Navidad con ellos; vemos juntos la tele… Pero lo que más agradecen es que te aprendas su nombre y les llames por él.

¿Algunos encuentran trabajo después?

Tuvimos acogido a un joven colombiano que había llegado de polizón en un carguero al puerto de Tarragona y se tiró al mar al llegar. Poco después, logró empleo y se integró.

¿Se acuerda usted en especial de otros amigos asistidos por Bona Nit?

Tuvimos a un enfermo de cáncer que había sido desahuciado por todos, incluida su familia. Dormía en la playa hasta que nos lo trajeron. Él –repetía– no quería molestar.

¿Molestar por qué?

No quería dejar sin cama a alguien, decía, que la necesitara más que él. Se volvió a ir a la calle, aún enfermo, y le insistíamos en que se quedara, pero el aún más en que otros estaban peor que él. Nunca he visto a alguien más preocupado por los demás.

Además, dirigió usted 20 años el Diari: ¿alguna enseñanza que compartir?

Que cuando te entregas con pasión a algo que te gusta, siempre recibes más de lo que entregas. Antes de dirigir, fui periodista en seis diarios, entre ellos La Vanguardia, y cada día era una aventura emocionante.

Usted me ha llenado una estantería.

He escrito 15 libros, sí, pero, bueno, íbamos a hablar sólo de Bona Nit… Tenemos ya cinco profesionales fijos y necesitamos más: queremos crecer y ser más útiles todavía.

¿Cuál de sus libros me recomienda que relea estos días?

Hay uno del que todo el mundo me habla y parecen haberlo leído: El médico. Es la historia de mi abuelo, doctor de familia.

¿Y el que no puede evitar releer usted?

Lo que más ilusión me ha hecho es conocer periodistas que llegaron al oficio por haber leído De profesión, periodista.

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