¿Nos ayudas a plantar un bosque de encinas?

Paz y bien.

Perdona que la anterior comunicación que envié -para invitarte al día 15- tuve que borrarla, quizás, antes de que la leyeras, porque me la encontré en facebook al momento. Me adelanto, pues, a decir que esta entrada la escribo para compartir solo contigo, familia, grupo parroquial, este trocito de nuestra vida. Yo tengo un problema de inseguridad personal que me dificulta salir en fotos o me hace incapaz de verme centro de atención, más bien tenemos más conciencia de ser medio inútiles que de ser dignos de confianza alguna; por eso no hemos hecho invitaciones ni queremos dejar nuestro nombre escrito en sitio alguno; por lo que ruego que, si tienes a bien leerlo, no lo reenvíes ni lo cuelgues en ningún sitio. Sería trágico para nosotros vernos como noticia en ningún medio. Lo queremos celebrar en familia, dado que no es ningún triunfo, ni meta conseguida, y tampoco creemos que sea una gran noticia para la Iglesia, sino un simple paso sin más fin que servir un poco más a la iglesia local donde estamos destinados y siempre bajo vuestra dirección y obediencia. Nuestra opción vital fue la profesión en la Orden Franciscana, el resto de opciones que hemos hecho o haremos es simplemente una obediencia a la comunidad y a Dios, de cuya insistencia sabemos a través de vuestra voz. La palabra que os pedimos no es ‘enhorabuena’ o semejantes, sino un ‘aquí estamos’ o ‘entre todos nos ayudaremos’ a servir al Reino de Dios. o una oración y una orden de trabajo para saber hacia donde dirigir este arado del que tomamos rienda.

El próximo sábado queremos daros como recuerdo de ese día una pequeña encina por familia, uno de los árboles más nobles y elegantes, firmes y resistentes, fieles y bien cimentados, que una vez que los plantas y arraigan, no hay viento ni frio, ni desaliento, ni murmuración, ni cansancio ni desaire, ni pobreza ni riqueza, ni sequía ni diluvio que los rinda. Hace mucho tiempo que no crecen nuevas encinas en mi pueblo, y a duras penas se mantiene alguna que queda, porque es un árbol tan lento y en estos tiempos algo inútil, su función de alimento, sombra o de leña ya no se ven necesarias, hoy lo enchufamos todo a la luz eléctrica. Dice Bauman, el filósofo de la sociedad líquida, que hoy es líquido hasta el amor, todo compromiso se supedita al momento, que queremos vivir tan deprisa, vivir todas las experiencias sin compromiso, que hemos perdido el sentido del deber de cuidar y transmitir lo que heredamos. ¿Quién va a querer hoy plantar una encina si sus frutos los va a disfrutar tu nieto y sabes del riesgo de que, por el medio, tu hijo la pueda cortar para plantar en su lugar un chopo que produce más deprisa?-

Pero si de verdad no pensásemos solo en nosotros mismos plantaríamos un bosque de encinas, porque su madera calentará cada noche el hogar de todos tus nietos, mantendrá cálido vuestro sueño, y aún a la mañana siguiente harás el café sobre sus brasas, regalándote el seguir construyendo familia.

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Encina en mi pueblo, Santa Colomba, Zamora.

Así es la fe, en esta sociedad del bienestar; pareciera que no necesitamos su sombra ni su calor, pues no está de moda esperar algo de Dios, si todo lo enseña algún youtube. Al igual que una encina, nadie siembra y cuida la fe para provecho propio. Como dice Bauman, nos cuesta valorar la riqueza que recibimos, y cuidar lo que hemos heredado de nuestros mayores y, a cambio, tantos de nuestros jóvenes se dedican a buscar felicidades nuevas en objetos que caducarán próximamente para necesitar otros objetos nuevos cada poco.

Para construir una iglesia viva te necesitamos a ti, que tú hagas tu compromiso y opción por ‘plantar’ tu fe en una comunidad, por cuidar tu fe, por cuidar tu parroquia, si cada uno de los que aquí estáis sembráis vuestra fe en una parroquia o comunidad, y entre todos nos cuidamos, vuestros hijos y vosotros mismos recibiréis el calor de la VIDA que nace de Dios en cada comunidad.

Lo importante del día 15 no es nuestra opción sino la vuestra, nosotros serviremos si vosotros nos decís dónde y cómo, para el bien de la iglesia. Yo estoy en la edad en que muchos abandonan o han abandonado ya, en que tantos se divorcian, y tantos quieren volver a ser jóvenes para empezar otras cosas y más deprisa. Y soy testigo de que todos los que han abandonado comienzan a perder su raíz por la soledad, por no tener quien les acompañe, les corrija, les felicite o les reconduzca; La soledad personal o en la misión, si la raíz no está segura, puede hacer caer hasta la fe. Todos necesitamos un sincero ‘¿Qué tal te fue el día?’ cada día.

Nos ponemos en vuestras manos, en vuestro cuidado, agradecemos siempre toda sugerencia, corrección, consejo, ayuda, pedimos perdón por los días en que no sepamos obedecer, o servir, o ser referencias. Solo en vuestra oración, comunidad y acompañamiento podemos encontrar la fortaleza y firmeza de Cristo. Para servir estamos pero con vuestra protección y corrección.

Firmado: M. y N.

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