El liderazgo en Franciscanos Coruña o la pasión por una victoria colectiva.

¿Es uno de tus talentos el generar motivación para que los que te rodean sean más líderes que tú y vayan por delante de ti?

¿Es suficiente con estar en camino o hay que lograr una intuición compartida?

El individuo, líder o seguidor, no es una finalidad exclusiva sino en comunión con la comunidad. El fundamento de uno y de otro no es la satisfacción y realización personal, en primer lugar; sino que ésta ha de estar enmarcada por la misión.

Compartir una misión garantiza una satisfacción duradera, una realización más allá de mis límites, porque me añade algo todavía más vital: la visión de la comunidad es la visión de Dios. Compartir y co-crear nuestra misión nos hace partir cada día de una disponibilidad humilde a la voluntad de Dios expresada en la comunidad.

Y ¿qué es la disponibilidad sino la preocupación (y la felicidad) por contribuir con el talento propio a la victoria colectiva? El liderazgo es, como consecuencia, no una ciencia de la influencia, sino una actitud dispuesta a ofrecer primero, paso tras paso, el destino que permita la victoria.

PREGUNTA: ¿ Qué puedes hacer hoy para que tus compañeros amen más que tú, lideren más que tú, tengan más éxito que tú… y así tú ames, lideres y tengas éxito a ciento por uno, pero en común con la comunidad?

¿Cuál es tu talento que vas a poner en manos de Jesús para que él lo multiplique y sea de todos?

“Sacerdotes, profetas y reyes”

La sociedad de hoy, siglo XXI. habla mucho de liderazgo como fruto de un aprendizaje, de unos trucos o dinámicas de manejo de las situaciones.

Pero el liderazgo bíblico parte de que todos somos “sacerdotes, profetas y reyes”.

Unos son “sacerdotes” porque su liderazgo acerca la presencia de Dios a nuestra vida, produciendo vínculos; otros son “profetas” por su inteligencia que sabe organizar el presente y prever el mañana, produciendo contenidos que darán vida al presente; y otros son “reyes” por su discernimiento, produciendo decisiones que conduzcan al pueblo hacia fuentes y praderas seguras.

¿Centrífugo o centrípeto?

Según estas configuraciones, por así decirlo, espaciales, el líder es o centrífugo (se ocupa de todo el mundo “corriendo por doquier”, por el bien del vínculo o del plan) o centrípeto (hace que el equipo gire en torno a él, con motivación, sí, pero sin otro horizonte que la relación o el plan en sí mismos). En secuencia, estos modos de liderazgo pueden funcionar.

Sin embargo, con el tiempo se evaporan, por autodispersión primero, por dirección aleatoria en relación con la realidad después. Los líderes naturales (reyes) son “centrífugos en torno a la misión”: lo más importante para ellos es continuar la misión, es decir, en concreto, las decisiones de las etapas, la alineación de los talentos con el imperativo que impone el contexto, el hacerse visible cuando se está en una larga ascensión a la cima.

En definitiva, es, por tanto, en el recorrido del camino a lo largo del tiempo y no en la vivencia colectiva instantánea donde se evalúa el liderazgo efectivo, ya esté o no en manos de alguien que lo posee por naturaleza en su instinto. Para el líder quizás preferimos el término jefe, como aquel que da una dirección. Y para decirlo en pocas palabras: el gestor genera rendimiento, el líder genera compromiso, el jefe genera la victoria.

Te necesitamos, porque necesitamos tu liderazgo.

Vente al grupo parroquial de liderazgo y decide qué quieres cuidar.


Y una cosa más: Nunca hablar mal de los demás.—…es

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