En esta parroquia trabajamos para que todos los jóvenes tengan estas 3 convicciones:

¿Por qué haces lo que haces? ¿Por qué madrugas? ¿Por qué trasnochas? ¿Por que saludas a alguien? ¿Por qué te cruces con alguien sin saludarle…?

TEner fe implica hacer lo que hacemos para gloria de Dios y para construir el proyecto del Reino de Dios:

1. Una convicción firme de quién es Dios

Para ser luz en medio de las tinieblas debes conocer la fuente de dónde emana nuestra luz. Una visión correcta sobre Dios transforma nuestra visión sobre todo lo demás.

El creyente es como la luna. Podemos brillar en la oscuridad solo porque reflejamos la luz de una estrella mayor. Así como la luna refleja la luz del sol, somos llamados a reflejar la de Cristo. Por lo tanto, es necesario conocerlo cada día más.

2. Una convicción firme de quién eres

El hombre es portador de la imagen de Dios (Gn. 1:26). Fuimos dotados de la más alta dignidad, que está relacionada al poder hacer uso en sujeción a Él de los atributos que Él nos dio. Sin embargo, la imagen de Dios en el hombre ha sido manchada debido al pecado. Todas nuestras acciones y pensamientos están afectados como fruto de la Caída.

Somos hombres y mujeres con pecados, debilidades, y heridas que pueden impedirnos brillar y reflejar la luz del Señor. Por tanto, debemos recordar cada día nuestra necesidad de Jesús y lo poco que podemos hacer para Dios por nosotros mismos.

Esto implica conocernos bien: saber cuáles son nuestras fortalezas, nuestras debilidades, a qué podemos exponernos, cuáles conversaciones podemos entablar y cuáles debemos evitar, y más. El conocimiento de nosotros mismos nos permite establecer límites que nos ayudan a no caer y desfallecer en medio de las noches oscuras.

3. Una convicción firme de qué es el evangelio

El evangelio es un mensaje que nos muestra que somos responsables ante nuestro Creador y merecemos ser juzgados por nuestra rebelión ante Él. Ahora el hombre es un enemigo de Dios (Ro, 5:10), esclavo del pecado (Ro. 6:17), y posee un entendimiento entenebrecido (2 Co. 4:4). 

El hombre debe responder a este mensaje dando frutos de arrepentimiento, reconociendo su necesidad de perdón, y a Cristo como el único camino para hallarlo (Ro. 10:8-10). Esta necesidad del evangelio no desaparece luego de nuestra conversión. Todos los días debemos decirle a Dios: “Señor, te necesito. Perdona mis pecados a través de Jesús. Me arrepiento por aquellas cosas que no me permiten mostrar quien tu eres. Lléname de ti”.

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Sé un joven que vive por su causa. Ten estas convicciones y confía en el poder del Espíritu Santo para seguir transformando tu vida.

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