5ª ETAPA: EL NOMBRE PROCLAMADO (catequesis kerigmática)

Hch 3, 1-10. Te doy lo que tengo: en nombre de Jesucristo Pedro y Juan subían al templo, a la oración de la hora de nona, 2 cuando vieron traer a cuestas a un lisiado de nacimiento. Solían colocarlo todos los días en la puerta del templo llamada «Hermosa», para que pidiera limosna a los que entraban. 3 Al ver entrar en el templo a Pedro y a Juan, les pidió limosna. 4 Pedro, con Juan a su lado, se quedó mirándolo y le dijo: «Míranos». 5 Clavó los ojos en ellos, esperando que le darían algo. 6 Pero Pedro le dijo: «No tengo plata ni oro, pero te doy lo que tengo: en nombre de Jesucristo Nazareno, levántate y anda». 7 Y agarrándolo de la mano derecha lo incorporó. Al instante se le fortalecieron los pies y los tobillos, 8 se puso en pie de un salto, echó a andar y entró con ellos en el templo por su pie, dando brincos y alabando a Dios. 9 Todo el pueblo lo vio andando y alabando a Dios, 10 y, al caer en la cuenta de que era el mismo que pedía limosna sentado en la puerta Hermosa del templo, quedaron estupefactos y desconcertados ante lo que le había sucedido.

COMENTARIO

1.- El deseo está dentro de vosotros. ¿Queréis andar? (Cerrad los ojos) ¿Queréis ver? ¿Quiénes de vosotros les gustaría ser útiles en esta vida?(Que alguien te dé las gracias por algo).- ¿Quiénes de vosotros querríais ser considerados por todos como un buen amigo? ¿Qué deseáis realmente para la gente: pensad en un niño en tierra de sequía, por ejemplo hemos oído tantas veces hablar de Etiopía o Eritrea, pensad en los niños al momento de tener sed? ¿Sabéis además que estos países están en guerra entre sí desde hace 20 años? Pensad en un cristiano de Mosul o de Aleppo. ¿Creéis que no desearían vivir su vida y su fe en paz? ¿Alguno de vosotros desea con ardiente pasión que en España no haya pobres?

2.- ¿Qué tiene el apóstol Pedro para dar a ese ciego que tanto ansía conocer la luz y las cosas que pueden conocerse a la luz del sol?

Pedro no tiene riqueza que compartir, no le promete su amistad… SOLO LE OFRECE el nombre de Jesucristo. ¿Sabéis cuál es la fuerza de Jesús? ¿Qué deseo Jesús para sí mismo?, sólo sabemos de una vez que pidió a Dios no morir, que pasara de él aquel cáliz, pero su verdadera oración fue ‘Hágase tu voluntad y no la mía).

El poder de Jesús, del nombre de Jesús está en no desear, de corazón, otra cosa que el bien común. La mayor expresión de poder de Jesús fue entregar su vida. El vino a traernos el evangelio, la riqueza de amarnos como meta de la vida, y ese amor por encima de toda ley humana le costó la vida. Y la entregó.

No fue Pedro o Juan los que curan a ese ciego, sino el poder y el amor que trajo Jesús.

Los sacramentos, bautismo, eucaristía, reconciliación son momentos de encuentro con Cristo, ¿Sabéis cuál es el sacramento y el mandamiento mayor: amar a un hermano, desear su bien por encima de todo otro deseo?

ESTO ES IMPOSIBLE VERDAD, nadie de vosotros es capaz de amar tanto ¿o sí? No lo somos en nombre nuestro, lo somos en nombre de Jesús. Testimonio tatuaje antebrazo.

Recibir a Jesús en una eucaristía, nos permite ser consciente de quién es nuestra familia, nuestro Señor, nuestros hermanos, y nos permite abrir los ojos, hace entrar en la vida y en la vocación que Dios ha pensado para nosotros desde siempre en la alegría.

El nombre de Jesús es el único que tiene el poder de ayudarnos a ver nuestro egoísmo, nuestra parálisis en la línea de la vida, de dar la vida por los demás.

– Cuál ha sido el día de tu vida que más has amado? ¿A qué te ha movido el amor de Dios y el nombre de Jesús? ¿Intenta compartirlas con un compañero de camino?

LA PASIÓN DE CRISTO SE GRABÓ EN SU CORAZÓN Señor. Sucedió, pues, un día en que oraba de este modo, retirado en la soledad, todo absorto en el Señor por su ardiente fervor, que se le apareció Cristo Jesús en la figura de crucificado. A su vista quedó su alma como derretida; y de tal modo se le grabó en lo más íntimo de su corazón la memoria de la pasión de Cristo, que desde aquella hora -siempre que le venía a la mente el recuerdo de Cristo crucificado- a duras penas podía contener exteriormente las lágrimas y los gemidos, según él mismo lo declaró en confianza poco antes de morir. Comprendió con esto el varón de Dios que se le dirigían a él particularmente aquellas palabras del Evangelio: Si quieres venir en pos de mí, niégate a ti mismo, toma tu cruz y sígueme (Mt 16,24). (Fuentes Franciscanas 1035 – Leyenda Mayor Cap. I, 5)

 

COMENTARIO Francisco está en un momento de elección de su camino de fe y de su discernimiento:

vivir para si mismo como hombre viejo o vivir para el Señor como hombre nuevo.

1.Vivir para si mismo quiere decir vivir en función de la propia afirmación en la vida, de la propia gloria, del propio placer;

2.vivir para el Señor es entrar en otra órbita gravitatoria, comenzar desde otro centro que no es más el propio yo sino que es Cristo mismo. Francisco se siente atraído de este Crucificado, de la pasión de Jesús y por tanto decide “abrir las puertas de su vida a Cristo”; vive como enamorado de Cristo y comienza a “seguirlo por el camino”.

Francisco es un hombre todavía vivo hoy porque elige comenzar desde Cristo, único motivo esencial de su existencia. – ¿Qué quiere decir en este momento de tu vida vivir para ti mismo o vivir para el Señor? – ¿Cuándo has cruzado tu mirada con la mirada del Crucificado?   Del documento preparatorio del Sínodo de los Obispos: Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional. (pp. 45 – 46) El discernimiento vocacional no se realiza en un acto puntual, aun cuando en la historia de cada vocación es posible identificar momentos o encuentros decisivos.

Como todas las cosas importantes de la vida, también el discernimiento vocacional es un proceso largo, que se desarrolla en el tiempo, durante el cual es necesario mantener la atención a las indicaciones con las que el Señor precisa y específica una vocación que es exclusivamente personal e irrepetible. El Señor les pidió a Abraham y a Sara que partieran, pero sólo en un camino progresivo y no sin pasos en falso se aclaró cuál era la inicialmente misteriosa «tierra que yo te mostraré» (Gén 12,1).